Primero los niños; después las mujeres y luego...
El Sol se había puesto hacía algunos minutos y el grupo de niñas seguía jugando al piso. Allá, a lo lejos, se oían voces de madres preocupadas llamando a sus hijos. Pero las niñas hacían oídos sordos y seguían alargando su inocente juego.
-Te digo que es mala... la china está dentro de la raya.
- ¡Y una mierda...! la raya se ve por los lados de la china.
- Sí, se ve la raya porque la piedra es redonda y...
¿Sabeis lo que os digo? Me voy a procurar una china redonda; la más bonita; la más perfecta. Eso es lo que deberíais hacer todas las demás, y así, no habrá ventaja para nadie...
La niña hablaba con una seriedad y aplomo impropio de sus once años recién cumplidos. Su carita angulosa, semitapada por la melena lacia y rubia presentaba esa chocante seriedad que nos gusta mucho a los adultos.
Todas aceptaron la sugerencia de Adela y prometieron cada una de ellas presentar la "china" más extraordinaria.
- Papá: anoche tuve un sueño horrible... ¿Quieres que te lo cuente?
- Si no es muy largo, sí. Se me hace ya muy tarde para llegar al trabajo.
- No es largo; es muy corto, pero agobiante. Fue exactamente así:... y en breve tiempo contó detalladamente su extraño y escalofriante sueño.
- ¿Qué te parece, papa?
- Me parece monstruoso, terrible. No obstante, puedo asegurarte que si se tratara de la realidad, no me importaría.
Desde que tu madre nos dejó para siempre, todo lo que tenemos, incluyendo todo mi ser, te pertenece, todo es tuyo.
Pocos días después de esta conversación entre Adela y su padre, éste fue asesinado y horriblemente mutilado. Descuartizado, había dicho el forense.
Adela fue llevada a casa de unos tíos suyos, que vivían a pocos kilómetros de la ciudad, hasta que los efectos de la terrible tragedia fuesen desapareciendo de la mente de la pobre huérfana.
Habían pasado apenas dos meses, cuando el grupo de amigas, que siempre jugaban al piso, se reunieron para dar la bienvenida a su amiga Adela y,presentar sus talismanes de juego. Todas las piedrecitas estaban perfectamente redondeadas y pulidas.
Adela las fue inspeccionando una a una con su talante serio y circunspecto. Cuando terminó aquella especie de revista militar, introdujo su manita en la bolsita que llevaba colgada de unos de sus brazos y entre sus pequeños y afilados deditos sacó la "china" más perfecta; la más redondeada y pulida de todas.
Ninguna pudo evitar el murmullo de admiración que surgió al contemplar el especial talismán. Era exactamente igual que aquella pieza del esqueleto humano que sus profesores, en la clase de anatomía, les habían explicado, la gran función que desempeñaba y que se llamaba rótula.
- ¡Qué suerte! ¿Dónde la has encontrado?
- No la he encontrado, la tuvo mi padre desde que nació hasta el momento de su muerte, él me la dio.
Pocos años después, Adela fue ingresada en una Casa de Salud. Lo único que se le escuchó decir, hasta su muerte, fue que tenía que hablar con su padre para contarle un sueño sobre el cual solamente él podía aconsejarle.
Carlos Mosse