Un Paseo por Ayamonte -Capitulo V

¡Qué extraño! Diego es un quisquilloso, pero es muy pun­tual. ¿Qué le habrá pasado para tenerme esperándole más de media hora sobre la prevista?
Este comentario, lo hago en presencia del dueño del bar, donde todas las mañanas no reunirnos antes de comenzar nuestro paseo.
- ¡Mira, hablando del ruin de Roma...!
Tranquilo, amigo mío, tran­quilo. Vengo dispuesto a ofre­certe mis más humildes discul­pas por este pequeño retraso.
- ¡Diego, por favor, entre nos­otros no hace falta...!
- Entonces, marchémonos ya, porque el motivo de mí retraso se debe a que, cuando salía de mi casa, me encontré con nues­tro director, y no veas cómo está de cabreado el Sr. Hidalgo con nosotros... la verdad es que yo no tengo la culpa, tú eres el que detienes la salida del pe­riódico todos los meses...
-   ¡Venga, no hables más y a "juir"! Yo hablaré con Paco y también le ofreceré mis más humildes disculpas.
- ¿Nos dejarán echar un vis­tazo por ahí dentro?
- Me parece que es muy tem­prano para ello. En estos mo­mentos están las clases funcio­nando y todo el personal está muy ocupado. Mejor sería tirar para abajo y dejar la Casa para otro día.
- No, Diego. Me parece que será mejor hacer el comentario aquí mismo, en la calle, y otro día profundizaremos más so­bre el tema. ¿Te parece bien?
- Bueno, lo que tú digas.
- ¿Qué sabes tú sobre los principios de esta fundación?
- Hombre, yo sé lo que Doña María Luisa Díaz dice, en su libro Historia de Ayamonte.
- Esto quiere decir, que D. Francisco Galdames puso en marcha este magnífico proyec­to en 1.655 y fue terminado doce años más tarde.
- No, no es así. D. Francisco Galdames no puso en marcha este proyecto en 1.655, como tú dices. Este señor falleció en Perú en la fecha a que nos esta­mos refiriendo. Y cuando se conocieron sus últimas volun­tades, entre ellas estaba lo de esta Fundación.
- ¿Sabes cómo se llamó?
- Casa Hospital de Niños Ex­pósitos de Ntra. Sra. de la En­carnación. Y tengo que agre­gar, que el tal Don Francisco Galdames, debió de ser más listo que el hambre.
-   ¿Por qué?
- Porque dejó hecho un en­tramado de representantes y albaceas que difícilmente hu­biera podido ser enajenada la Fundación.
-   Bueno, ahora soy yo el que te corrige: D. Francisco no fue el que organizó el entramado albaceario, fue su tío D. Benito y su esposa Doña Elena: D. Francisco murió soltero.
Se terminan las obras de esta Fundación en 1.972 y así co­mienza la historia de la Casa Cuna de Ayamonte. Que por cierto, ha cambiado de nombre dos o tres veces desde esa fe­cha.
- Sí, que yo sepa han sido dos cambios de titularidad. Des­pués de nuestra guerra civil se llamó Asilo Provincial José
Antonio, y, ahora, Hogar Juve­nil Provincial.
Diego, de la historia recien­te de este Centro, ¿tú conoces algo preponderante, algo cu­rioso digno de resaltar en nues­tro comentario?
¡Hombre, claro que sí, lo de tu tío!
-   ¡Lo de mi tí& ¿Qué tienen que ver ninguno de mis tíos con esta Fundación?
-   ¡Venga, Carlitos, que te co­nozco, que me has llevado al huerto sin que me diera cuen­ta!
-   ¡Diego, te juro que no me había acordado!
- ¡Escúchame, hipócrita de mierda! Destaquemos la actua­ción, o mejor dicho, la postura valiente de D. Joaquín Gutié­rrez Blanco, porque se lo mere­ce, y ¡no me tires más de los co...! ¿Estamos?
-   Sí.
- ¿Quién recuerda el momen­to, tú o yo?
-   Tú.
- Pues te diré una cosa: aho­ra no lo haremos, lo dejaremos, por su importancia y extensión, para el próximo paseo. ¿Qué te parece?