Este comentario, lo hago en presencia del dueño del bar, donde todas las mañanas no reunirnos antes de comenzar nuestro paseo.
- ¡Mira, hablando del ruin de Roma...!
Tranquilo, amigo mío, tranquilo. Vengo dispuesto a ofrecerte mis más humildes disculpas por este pequeño retraso.
- ¡Diego, por favor, entre nosotros no hace falta...!
- Entonces, marchémonos ya, porque el motivo de mí retraso se debe a que, cuando salía de mi casa, me encontré con nuestro director, y no veas cómo está de cabreado el Sr. Hidalgo con nosotros... la verdad es que yo no tengo la culpa, tú eres el que detienes la salida del periódico todos los meses...
- ¡Venga, no hables más y a "juir"! Yo hablaré con Paco y también le ofreceré mis más humildes disculpas.
- ¿Nos dejarán echar un vistazo por ahí dentro?
- Me parece que es muy temprano para ello. En estos momentos están las clases funcionando y todo el personal está muy ocupado. Mejor sería tirar para abajo y dejar la Casa para otro día.
- No, Diego. Me parece que será mejor hacer el comentario aquí mismo, en la calle, y otro día profundizaremos más sobre el tema. ¿Te parece bien?
- Bueno, lo que tú digas.
- ¿Qué sabes tú sobre los principios de esta fundación?
- Hombre, yo sé lo que Doña María Luisa Díaz dice, en su libro Historia de Ayamonte.
- Esto quiere decir, que D. Francisco Galdames puso en marcha este magnífico proyecto en 1.655 y fue terminado doce años más tarde.
- No, no es así. D. Francisco Galdames no puso en marcha este proyecto en 1.655, como tú dices. Este señor falleció en Perú en la fecha a que nos estamos refiriendo. Y cuando se conocieron sus últimas voluntades, entre ellas estaba lo de esta Fundación.
- ¿Sabes cómo se llamó?
- Casa Hospital de Niños Expósitos de Ntra. Sra. de la Encarnación. Y tengo que agregar, que el tal Don Francisco Galdames, debió de ser más listo que el hambre.
- ¿Por qué?
- Porque dejó hecho un entramado de representantes y albaceas que difícilmente hubiera podido ser enajenada la Fundación.
- Bueno, ahora soy yo el que te corrige: D. Francisco no fue el que organizó el entramado albaceario, fue su tío D. Benito y su esposa Doña Elena: D. Francisco murió soltero.
Se terminan las obras de esta Fundación en 1.972 y así comienza la historia de la Casa Cuna de Ayamonte. Que por cierto, ha cambiado de nombre dos o tres veces desde esa fecha.
- Sí, que yo sepa han sido dos cambios de titularidad. Después de nuestra guerra civil se llamó Asilo Provincial José
Antonio, y, ahora, Hogar Juvenil Provincial.
Diego, de la historia reciente de este Centro, ¿tú conoces algo preponderante, algo curioso digno de resaltar en nuestro comentario?
¡Hombre, claro que sí, lo de tu tío!
- ¡Lo de mi tí& ¿Qué tienen que ver ninguno de mis tíos con esta Fundación?
- ¡Venga, Carlitos, que te conozco, que me has llevado al huerto sin que me diera cuenta!
- ¡Diego, te juro que no me había acordado!
- ¡Escúchame, hipócrita de mierda! Destaquemos la actuación, o mejor dicho, la postura valiente de D. Joaquín Gutiérrez Blanco, porque se lo merece, y ¡no me tires más de los co...! ¿Estamos?
- Sí.
- ¿Quién recuerda el momento, tú o yo?
- Tú.
- Pues te diré una cosa: ahora no lo haremos, lo dejaremos, por su importancia y extensión, para el próximo paseo. ¿Qué te parece?